25.8.11


Las cosas están cambiando muy rápido .. uh. Una esperanza metida a la licuadora; bajar de peso. La habitación circula, la música, no recuerdo que se haya detenido, que haya parado .. Siempre será chido aventar unos balazos al cielo para conmemorar la paz, donde sea.

Sí, digo y es hermosa la música que escucho en este momento. Entiendo las circunstancias (las “situaciones” de Larroy) así como los principios de Peter. La necesidad de estudiar la pared antes de mojar el yeso.

Me veo volando sobre este escritorio milagroso, pleno de rebotes y micheladas de uva que me voy preparando de vez en vez. Digo, estoy en la transición permanente. Unas cubetas, materiales diversos, herramientas, películas cubiertas ahh . Una vida miserable.

21.8.11


Estoy ya en un nuevo disco pero a veces pienso que no estoy yo. Que no estoy del todo, se entiende. He ido poco con los psiquiatras, acaso un par de veces, pero creo conocer su tipo. Uno de ellos me preguntó una vez con una serie de gestos y ademanes –que querían ser persuasivos- si acaso no sentía (now and then) como si la fuerza me abandonara. Le contesté que no, pero volvió a sugerirme lo mismo, esa sensación que aparentemente él conocía tan bien y que su instinto médico le señalaba como la sintomatología más apropiada para mí. Supongo que manejaba una receta bajo la manga.

13.8.11

Hay una parte en todo esto que está muy bien montada y que aparece como el referente a toda esta coyuntura. La montaña de tubos, elevada sobre el suelo, se refleja en la artificialidad del lago dando lugar al coágulo animoso que parece bambolearse más decididamente dentro del espejismo en su conjunto.
Más atrás los letreros descomunales que te persiguen al abandonar los límites civiles y ciudadanos más allá del periférico [siempre que miro en esa dirección hay algo que me desagrada y siempre creo identificar el que reza “Ford”].

Las campanas vegetales –muchas- cantan sus ensueños por medio de sus bocas lascivas y amarillentas. Todo está muy fresco, casi húmedo, la visión es muy completa, un buen trabajo. En pocas palabras, el estado de ánimo es estable, un hielo con ternura, la visión por su parte se sostiene entera –el olor de las flores, la disposición del mecanismo, cartas que vemos y sabemos que cubren algo, la transmisión de una sóla sustancia cuando menos detrás de todo este set de utilería milagrosa, bella pero absurda.

Por que se diría que nos encontramos en un parque de diversiones, pero no hay nadie, evidentemente. El reflejo a veces púrpura, a veces no, que parece una boca que no quiero escuchar y que si quisiera no podría porque no se escucha nada a excepción de un siseo, un zumbido –probablemente los generadores del parque-, y mejor voltear a Ford y el rumbo desagradable de las autopistas que se pierden tras las montañas.

20.7.11

 He vuelto y constato que no veía apropiadamente. Termina de llover, son casi las siete y me dirijo a un cajero pues el día anterior la había pasado sin dinero. Maravillosa la mañana, forzoso es decirlo: húmeda, más bien mojada. Y oscura. Camino entre varios puestos cerrados de comida, el piso grasoso y con agua. Me asusta un bulto tirado en mi camino, cubierto con una cobija, junto a unas cubetas. Al llegar a la avenida, entonces sí mucho movimiento; muchos peatones y muchos autos. La humedad y la grasa en el piso pronto cambian al lodo debido a las construcciones que se realizan cerca de allí. El alumbrado en esa zona está interrumpido –debido a las mismas obras civiles. En la penumbra matutina, ayudada por las luces de los autos y camiones, que circulan en aprietos, se destacan dudosamente las cintas de advertencia, se pueden percibir las desviaciones y cómo todo está visiblemente alterado. Intervenciones urbanas les llaman. De pronto estoy caminando entre una zanja y el paso vehicular, tras unas señoras, que seguramente se dirigen a trabajar. El cajero más cercano está bloqueado por maquinaria pesada. Descubro a un trabajador que me mira desde arriba de uno de los camiones, con el orgullo propio –pienso- del artista contemporáneo. Desde ahí alcanzo a ver una cartulina verde pegada sobre la puerta del cajero electrónico, en la que -debido a lo inusual de la situación- se lee “fuera de servicio”. Me dirijo entonces al siguiente cajero, que se encuentra a unos quinientos metros de allí. Todo el camino es eso: circular junto al tajo en la tierra, las herramientas tiradas, plásticos y postes bajo la lluvia. Amanece, sí, pero ¿cuál es el saldo?

19.6.11

Escuchar sonidos parecidos a los de la lluvia que se acerca. La tormenta en todo caso porque desde hace rato comenzó a nublarse. El ambiente un poco tenso y sofocado que antecede la precipitación.
Me doy cuenta lo diferente que soy. Me doy cuenta y me gusta ser así. Estoy en un sillón, después de bañarme, escribiendo esto. La televisión está encendida y me permite cerciorarme quién es Scarlett Johansson.

Una de las ventajas de estar desempleado es la libertad que se tiene para buscar trabajo, independientemente de si se halle éste o no. Más que un hobby, es una necesidad, muchas de las veces.  Y es que esto de buscar trabajo puede entenderse por su cualidad terapéutica, además, como se ha visto, es señal por sí mismo de iniciativa y voluntad, en un comienzo. La idea subyacente a esto es que aceptar la enfermedad es aceptar la cura.
Una de las características principales de los portales de empleo es que son horrendos, puedo pensar. Hace tiempo llevo enganchado en uno de ellos. Lo sé porque su membrecía dura sólo seis meses, y yo ya la he renovado varias veces.
 Para mí, es genial, navegar sobre las posibilidades reales que se ofrecen para encontrar empleo.  Me permite imaginar los distintos escenarios, especular con los domicilios y los nombres de las personas de contacto, cuánto es lo que pretenden pagar, etc. En casi todas las ocasiones soy capaz de llegar a imaginar todo el esfuerzo que implica la preparación para una entrevista.   Conozco personas que han adelgazado ante mi vista, dos  o tres kilogramos, al terminar de llenar una solicitud.

15.6.11


La luz de los automóviles y camiones que como rayas cazan en la avenida. Es de noche pero la iluminación mexicana lo hace parecer todo extraño. Ahí, fuera del templo antiguo, entre el montón de vendimia callejera, las muchachas, los niños que corren y chillan por un globo de azúcar.
Pero, ¿las miles de imágenes que puedes ver fuera de la caverna? Las puedo ver dentro, también, además está calientito y no llueve. La ruta del camión azul, el humo que va dejando.
Son rastros fugaces, ráfagas de la memoria como las llamo ahora, en este instante pleno de certeza, antes y después es indeterminado. Vivir en la dimensión plasma, la relatividad vino a relajar bastante la rigidez de la armadura científica. Feyerabend.  He encontrado el momento en que la música científica del ser se ilumina, me refiero a la variación eterna y a los ritmos universales.

1.6.11

Es así como caemos en la cuenta de la fugacidad del tiempo y de la vida. La ceniza que sobrevuela un campo devastado. Un paneo. Como los gatos cuando son arrojados hacia arriba, la manera en que sacan sus uñas, en el aire giran, dispuestos a agarrarse de algo, cualquier cosa. Lo he visto. He visto la desesperación en sus ojos amarillos durante el trance. Pero son gatos, y están aprendiendo. Esto nos enseña nuestro parentesco con ellos, nuestras diferencias. Entonces vemos que somos iguales. Que nuestras uñas son otras –el giro en el aire, en definitiva diferente y más limitado-, pero que caemos por igual, y por lo tanto, existe una avidez, una desesperación por asirnos de las cosas. Es así como surge la relación sujeto-objeto en la génesis misma del aprender.

30.5.11

17.5.11

 Avanzas. La penosa sensación de avanzar a palmos. Desde las profundidades de la colmena. Sabía que me intervenían pero luego escuché el siseo. Apenas audible y con una periodicidad rota y dilatada. No me iban a engañar tan fácil. Llevo tanto tiempo en el trabajo, tantas horas, que yo ya veo esta condición como el motivo de mi vida entera. Seguiría trabajando pero sé que tengo que dormir, que esa pequeña tregua nocturna, esa aparente rendición es una condición necesaria para que me entregue a la tarea de lleno al día siguiente. Con la comida pasa otro tanto. Tienes que hacerlo. Es una disciplina, una manera de hacer las cosas con objetivos a fines. Pensar como si se trazara una línea punteada anticipándose a la flecha y la tortuga. Parabolear. Recuerdo a los monjes copistas y al planeta de los simios, pero no me digas nasty. Mi procesador es uno muy limpio, casi inaudible, si acaso un zumbido mamoncín allá atrás de todo, del universo entero de nuestra representación dinámica del día de hoy. Es cosa de perspectivas, esto de hablar del día de hoy, como si fuera significativo. Por que lo que yo atiendo el día de hoy, en mi trabajo, es apenas el siglo 14, y eso que terminando y todo pueda llevarse lo que me queda de vida, sólo el 14. Entonces yo viajo, digamos, en la larga duración y por lo tanto ese siseo no pudo pasarme desapercibido. No puedo precisarlo pero el fenómeno debió haber comenzado el día terrestre de ayer, por la tarde. Pero igual te puedo decir mejor que esto comenzó hoy y no hay gran diferencia. Lo que me intriga es, que si bien sé que me siguen, no puedo ver desde dónde. Sé que es difícil burlar el escudo pero tampoco me están ayudando mucho las defensas del cinturón, todos los sistemas lo que me dicen es que se me sigue desde aquí mismo y eso no lo puedo entender.

7.5.11

Me puse en jaque. Paré lo que estaba haciendo, el trabajo absorbente de la investigación, y ahora sí, me tiré en el sofá y traté de no pensar en nada. Me encontré mirando unas visualizaciones en el  reproductor de medios, con la boca abierta. Me sorprendo de las cosas que soy capaz de hacer. Es decir, a la vez que escuchaba la música que generaba ese portento óptico, el de las visualizaciones, estaba pensando muy por debajo de todo, en algo relacionado con las voces literarias y la manera de tender puentes, verdad, algo relacionado con una ingeniería para enlazar capítulos, ves, era una onda así muy densa. Pero en ese momento, lo que predominaba más en la percepción, era la onda externa, los ojos, es decir la vista, y pues sí, una onda acá de sinestesia grave. Te cuento esto y puedes pensar que el trance fue largo, pero no es así. Fue algo fugaz, al momento siguiente estaba, no sé, practicando el tiro o habría ido a nadar a las piscinas. Sin embargo, bastó ese momento de oro, como lo veo ahora, para que me clavara en la resonancia de la voz, verdad, que la onda estaba –está- en la naturaleza de las voces literarias.